Pedro perdía al póker. Pensaba: No puedo perder más pasta. Si piso mi piso sin pasta, Paloma me pateará las pelotas.
¿Cómo procedo para escaparme de este puto problema?
Pío apuntaba sus pupilas hacia Pedro, como si presintiese algo.
Pedro contemplaba sus naipes y se dispuso a probar:
- ¡Apuesto todo mi presupuesto! - parafraseó.
Pío no pudo soportarlo más:
- ¡Trampa! ¡Tramposo! ¡Te pillé pendejo! Pido que comprueben sus naipes.
Pedro permaneció en parsimonia, cuando preguntó:
- ¿Opinas eso?
Los guardaespaldas se aproximaron a Pedro. Él sin perder la paciencia, prosigue:
- Siempre expones algo parecido cuando pierdes, Pío. ¿Porqué no simplemente aceptas?
Pío vio perjudicado su pundonor y pronunció muy despacio:
- Acepto.
- Duplo de parejas - planteó Pedro.
Pío parándose de su poltrona patalea:
- ¡Te desprecio puto tramposo! - y disparó sus naipes al pecho de Pedro.
Pedro se paró e hizo acopio de su plata. Se puso en la repisa y se dispuso a computar la pasta.
- Complacido estoy de no perder - pensó.
- Pío es un pillo, menos mal que no lo importuné profusamente.
Previo a pasar por la puerta para partir a su piso, un acompañante de Pío palpa la espalda de Pedro. - Sólo te digo que o pones pies en polvorosa o experimentarás la poca paciencia de sus pistolas- Poca pericia propalaste, Pío, y mucha petulancia.
- ¿Qué parloteas?
- Que de ser más prudente no tendrías tan cerca la parca.
- A mí no me apocas, ni tú ni tus apercibidos.
- Sólo te digo que o pones pies en polvorosa o experimentarás la poca paciencia de sus pistolas.
- Pelotas tiene la cosa, puto pelota!! Pongo rumbo a mi piso sin prisa, y a quien me importune le empaqueto y lo tiro por un puente sin paracaídas.