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La guía de teléfonos adelgaza al ritmo que aumenta mi factura telefónica. Hubo un día en que todo parecía fácil pero el tiempo pasa y mi droga cuesta. Ya no recuerdo como empezó esta colección que me ata a mi silla los domingos por la noche, ni el sentido de esta. Los domingos cuando la gente descansa en sus casas, molesta por la inminente vuelta al trabajo, es el momento de hacer las llamadas. 3 minutos de la vida de unas personas que nunca conoceré, historias, miedos, pasiones aseguradas por la indiferencia ante un desconocido que promete no volver a llamar. Únicamente 3 minutos, el primero para conseguir que no cuelguen antes de los otros dos y después, 120 segundos de intimidades.
Dime qué te gustaría contar. Carcajadas o preguntas gastan ese tiempo que yo tan libremente ofrezco al ego de cada cual. Ante un oyente totalmente entregado desperdician su regalo jugando a no entender. Se que algunos esperan que vuelva a llamar, aquellos que viven solos y ven en los domingos días vacíos en la gran ciudad, estos esperan otra ocasión de contarme sus historias haciéndose de rogar. No lo entienden, aunque se lo digo en esos preciosos momentos de presentación, arranco la página en la que está su teléfono, no puedo permitirme afectos. No al meno aquí.
Qué sola está la gente. Algunos quieren quedar conmigo sin entender que lo que yo busco son experiencias y puntos de vista que no voy a tener. Quiero que me digan como brilla el verde del jardín cerca de su casa por las mañanas cuando van a trabajar, lo cómodo del sofá en el que se sientan para escuchar las tristes canciones de Angelo Baladamendi, o los pasos para hacer un risotto como está escrito. Muchos quieren otra cosa. No estoy detrás de amistades eternas, lazos que luego ahogan con sus preguntas. No, ya tenía demasiado de eso antes de llegar aquí, me asfixiaban y por eso tuve que cortarlo todo. Antes tenía amigos y hoy vivencias a 30 centimos...
Mi psiquiatra dice que estoy mejorando, que no busco imposibles, que estoy tranquilo, me conformo con menos y eso para él es bueno.
Únicamente quiero un poco de aire, que me hagan volar fuera de estas paredes, más monedas para seguir llamando y aumentando mi colección de vivencias prestadas, que un día me cuenten una historia de amor y que el carcelero y los otros presos dejen de quejarse porque arranco las páginas de la guía de teléfonos.
Domingo por la noche Otra vez mirando la guia de telefonos mientras mi mente vuela hacia lo que espero inconcientemente Una vivencia que me ayude a comprenderme a mi mismo Un intercambio de puntos de vista en tan corto plazo se que no lo voy a tener y sin embargo una extraña sensación me...
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